Lo prometido

 

Porque os lo prometí, y porque en estos días cumple veintiún años. Felicidades.

 

EL DÍA QUE JESÚS NO QUERÍA NACER

           

         

 

 

         

 

          Ahora, en estos días que el frío, la lluvia, la niebla y las  noches son como personajes de nuestra tradición, me atrevo, a la luz de la lumbre de la memoria, a contar algo que no sé si es una historia o un cuento, un milagro o una fantasía, algo que no sé si lo he vivido o me lo han contado, si lo soñé o lo he inventado. Tengo serias dudas respecto a este relato, pero juraría que es cierto que una vez recibí una carta de unos niños que me lo contaron.

                        Es más…, tengo la carta aquí, entre las manos. Pero también es verdad que no sé si es cierta o no la carta. De modo que quizá lo mejor sea que nunca sepamos la verdad. Milagros hay -invenciones hay, fantasías, cuentos, sueños, verdades inciertas- por los días de todos nosotros que no nos atrevemos nunca a contar. Milagros que un día nos iluminaron, nos  sorprendieron en nuestras dudas y que conservamos como reliquias de un prodigio. Milagros… que a lo mejor no son milagros, pero que preferimos pensar que lo son, con tal de no perder del todo la fe en las cosas.

          Por eso hoy, en estos días en que es más fácil creer, que uno retorna al tiempo en que  la imaginación era más poderosa que la realidad, que la inocencia nos dominaba aún, voy a contar algo que juraría que me contaron…

          No lo sé. Lo soñara, lo viviera o lo imaginara, lo cierto es que escribo al dictado de esta carta que me aparece y se me pierde entre las manos y en la que no tengo más remedio que creer. Los niños que me la mandan no se han atrevido a decírselo a nadie por temor a que los tomaran por embusteros o por ilusos ¡los niños, como siempre, tan sabios, saben de sobra de nuestras torpezas y de nuestra mezquindad!…, y pensaron que quizá fuera peor el remedio que la enfermedad. Ellos en su carta me cuentan que…,

                   …En las primeras oscuridades de la Nochebuena, mientras descansaban de la colocación del Nacimiento, que lo tenían casi a punto, se asomaron al balcón a ver la calle, sabedores de que la calle tendría algo especial esa noche. Intentaron abrir una hoja del balcón, pero un puñado de aire, mitad frío, mitad niebla les hizo cambiar de idea. Unos dicen que aquel aire olía a castañas asadas, otros que a torta de manteca, otros que olía a frío… Y sería verdad: haría frío. “¡Qué fría es la noche que el cielo escogió!”


                    El rincón del salón era, dicen, un sueño cuando encendieron las luces del Nacimiento. Y parecía fuego aquella pequeñez luminosa que simulaba la llama entre los menudos leños de la candela. Y algo de aurora tenía la oscura claridad del cielo de cartón piedra que asomaba lleno de estrellas de papel de plata. Y algo de amanecida la luz de la lamparita tras las montañas de papel arrugado y corcho. Todo a punto para la Nochebuena: los tres Reyes, bajando el camino (uno de ellos, Melchor, ya en el puente de tablas); el ángel, en su olivo, ‘suspendido’ hábilmente entre  algodones; los pastores, al pie de la hoguera, junto al puchero de barro, expectantes, mirando al cielo. La lavandera, lavando arrodillada en la vera del mentiroso río de cristal. Y el molinero, cargado con un saco de trigo bajo las aspas del molino. Y el vendedor callejero, con la mano ahuecada en la mejilla, pregonando su carga… ¡Estaban locos de contento los niños!

          El yeso y el polvo de talco ‘hielan’ las cumbres de corcho, mientras el gañán traza surcos y el hombre de la recova ve cómo las palmeras son más bajas que él. Un dibujo recortable, de buen gusto, en la pared de fondo, deja un precioso perfil de pueblo blanco. Magnífico el Portal: una chocita de eneas, íntima, con más sombra que luz, a cuya puerta se arrodillan pastores. Dentro, echados, el buey tiene una mirada de hermosa mansedumbre, mientras la mula, sagaz, tiene las orejas empinadas. José, de pie, apoyado en su báculo y ligeramente inclinado. Serio, con una majestad sobresaliente. María, sentada, empezando a componer una sonrisa y con los ojos alegres como los de una paloma libre mirando al…

         -¿Y el Niño? ¿Dónde está el Niño Jesús?

          Algunos de los niños corrieron a mirar a las virutas de la caja donde guardaban las figuras, pero no estaba. Uno de ellos, el más pequeño, al que echaron la culpa de la pérdida, dijo lloriqueando que él no lo había perdido, que lo cogió y lo dejó acostado en el pesebre, sobre los trocitos de paja. Y que le pareció haberlo visto sonreír.

                    Nadie pudo replicar al chiquillo, pues cuando iban a hacerlo sonó un golpe seco. Era la puerta del salón, que se había cerrado sola, sin que nadie la empujara. Y, además, no pudieron abrirla cuando lo intentaron. Se apagaron las luces del salón y en el Nacimiento sólo se mantuvo encendida una pequeña luz celeste, la que iluminaba el olivo donde estaba el ángel. Empezó a silbar un vientecillo entre las copas del bosque de papel y los niños se abrazaron asustados. Dicen que no podían ni gritar porque el miedo les ahogaba. Fue entonces cuando se hizo más clara la luz del olivo y se vio al ángel de barro que se movía y hablaba.

 

 

Ángel:


  -No temáis. Soy un ángel mensajero de Dios y vengo a daros una noticia. No busquéis más al Niño porque vosotros no lo habéis perdido. Y es verdad que uno de vosotros lo dejó acostado en el pesebre y ahora no está. Pero Dios Padre se opone a que nazca su Hijo, a que nazca Jesús. Vosotros seréis los encargados de hacerlo saber a la humanidad. Estad atentos y no temáis.

 

  “El ángel recorría con la mirada todo el paisaje del Nacimiento mientras una luz que nadie sabía de dónde manaba, dejaba un extraño lubricán donde las figuras eran poco más que sombras. Y volvió a hablar. Ahora a las figuras:

 

Ángel:

-¡Sabedlo: Jesús, el Mesías no nacerá! Su Padre, el Altísimo, sabe que el mundo es contrario a su Nacimiento, porque el mundo tiene consciencia de la gravedad de un Salvador en esta hora.

 

Ángel:

-Tú, molinero, deja tu faena y vete, que Jesús no nacerá.

 

Molinero:


-¿Que el Niño no va a nacer?

¡Y eso cómo puede ser,

si está loco mi molino

moliendo el trigo más fino

para ofrecérselo a Él!

¡Y está la nieve que trina

(¿no la ves en la colina?)

Lampando para su altura

la blancura

de mi harina!

No digas, ángel amigo, no digas

que no va a nacer Jesús.

¿Acaso no sabes tú


que Él es de mi trigo espiga?

 

Ángel:

    -¡No nacerá, no, nanas de calumnia, mecidas de odios, arrullos de heridas preparan para Él! ¡Lavandera, deja tu ropa y vete, que Jesús no nacerá!

 

Lavandera:


-Lavando en esta orilla

de agua escarchada

llevo ya de rodillas

varias jornadas.

Y lavo y canto,

que nunca unos pañales

fueron a tanto.

No me digas ahora,

ángel bendito,

que el Niño-Dios no hace,

cuando está escrito.

Dile a la Altura

que no nos niegue el parto

de esa criatura.

¡Si Él ha de ser la corriente

donde se lave la herida

de la vida

de la gente!


 

Ángel:

    -¡No nacerá, no. Porque la mentira está agazapada entre los matorrales como raposa, y la soberbia cocea en las paredes del Portal asustando a María!

    ¡Tú, gañán, suelta tu yunta y vete; guarda tu arado y abandona la besana, que Jesús no nacerá!

 

 

Gañán:


-¿Que no va a nacer Jesús?

¡Sí está la reja que brilla

de haber abierto en barbecho

cuarenta surcos derechos

para albergar su semilla!

¡Si está mi esperanza hecha

a atar su Verbo en gavilla

al cabo de la cosecha!…

¿Que no va a nacer Jesús?


¡Pues no faltaría más

que el que es Semilla del mundo

se quedara sin sembrar!

 

Ángel:


             -¡No nacerá, no. Que José ha tenido que ahuyentar las víboras de la vejación que se estaban encamando entre la paja del pesebre! ¡No nacerá Jesús! ¡Tú, costurera, deja tus puntadas y vete; recoge tus telas y tu silla y abandona este lugar, que el Niño-Dios no nacerá!

 

Costurera:


 

-Hebras y agujas de oro

tengo en el arca guardadas

para bordarle su nombre

en la que será su almohada.

Y aún me parece pequeño

el valor de este metal

para acompañar su sueño.

Guardo terciopelo, pana

y vara y media de seda.

Y si faltara, me queda

otro tanto o más de lana.

¡Que no quiero, que no quiero

que el que es Abrigo del mundo

vaya por el mundo en cueros!

No digas, ángel amigo

que estas puntadas

que están dando mis manos

serán por nada.

¡Si esa criatura

tiene loca la cesta


de mi costura!

 

Ángel:


     -¡No nacerá, no. Que los alacranes de la envidia le buscan el vientre a María para sembrarle su veneno. No nacerá Jesús! ¡Tú, leñador, enfunda tu hacha y vete; deja el bosque y las sombras y busca el camino de tu casa, que Jesús el Mesías no nacerá, según disposición del Altísimo!


 

 

Leñador:


 

-¿Que no va a nacer mi Dios?

Si están gritando las ramas:

“¡Córtame a mí, leñador,

quémame con la retama.

Para cuando nazca Dios

yo quiero ser ya una llama

que pueda darle calor!”

¡Si tengo el monte desnudo

y romo el filo del hacha

para que se asuste luego

con el fuego

la rigidez de la escarcha…!

 


 

 

Ángel:

   -¡No nacerá Jesús. Que los lobos del egoísmo aúllan en los cerros cercanos y vuelan bajo los milanos poderosos queriendo rapiñar los polluelos de la inocencia! ¡No nacerá Jesús! ¡Tú, mujer que estás a la puerta de tu casa, echa los cerrojos y vete a dormir, que lo esperado, el Hijo de Díos, no nacerá. Vete!

 

 

          Posadera (obviando al ángel y mirando al vacío, como si en el vacío estuviera ya el Niño, como si le hablara al Niño que no ve):


 

 

-Yo soy la posadera.

La que se quedó esperando

a que tus padres vinieran

llamando,

la que todavía espera.

Yo sé que te han cerrado

todas las puertas.

Por eso yo las mías

las tengo abiertas.

Y guardo dentro

una cálida cuna

para tu cuerpo.

…Y aunque no lo sabe nadie,

chiquillo de mi fortuna,

al aire de la mañana

tengo encargado una nana

para dejarla en tu cuna,

¡Que no me digan a mí

que Tú no vas a llegar!

Si tengo de par en par

las puertas

y yo esperando, despierta,

hasta que quieras llamar…


 

 

Ángel:

            -¡Que no va a nacer Jesús, sabedlo! ¡Que tras las nubes que parecen de lluvia remediadora se esconden truenos de guerra y rayos de violencia acechando el Nacimiento del Hijo de Dios! ¡Pastores, recoged, vuestro hato y volved a vuestras casas, que Dios no nace. Callad vuestras canciones y dormid, que nada extraordinario ha de ocurrir esta noche!

 

 

Pastores:


 

-¿Pastores en Nochebuena

sin tenerle a quien cantar?

¡Pues vaya una Navidad!

Hemos dejado el rebaño

a su apaño

en el redil,

para llegar hasta aquí

con rezos y villancicos

a celebrar al Dios Chico

de Belén;

y en esta noche de frío

que venimos al Portal

tú nos vienes a contar

que está el pesebre vacío…

¡Dile que somos pastores

 en vela;

dile que somos pastores

que esperan,

cantando,

la llegada de su Dios

que los librará del daño.

Dile que queremos ser rebaño

donde Él quiera ser Pastor”


 

 

Ángel:

        

  -No nacerá Jesús, no. Que trepa la hipocresía como yedra por las tapias del mundo. Y todo es un sin sentido en lo diario, donde arraiga la grama de la insolidaridad y las traiciones. ¡Tú, vendedor, vuelca tu carga y vete, que nada tienes que hacer aquí esta noche, pues no nacerá el Dios que esperas!

 

 

Vendedor:


 

-Traigo yo de reata

mi borriquilla,

que vienen bien cargadas

las angarillas:

naranjas, peros…

Y melones tardíos

también los llevo.

Pero yo no pregono

mi mercancía.

Mi voz está esperando

que rompa el día;

subir al viento

y pregonarle al mundo

su Nacimiento.

¡No digas, ángel amigo,

que no va a nacer mi Dios,

después que he pasado el día

metido en la serranía

limpiando al aire mi voz

para anunciar en pregón


 la llegada del Mesías…!

 

 

Ángel:


                      -¡Cómo va a nacer Dios! ¿No veis la gangrena de la maldad, vestida de perfumes, cómo devora la carne del hombre? ¿O es que acaso no llevamos veinte siglos cerrándole las puertas a la Alegría que quiere quedarse con nosotros? ¿De qué os extrañáis? ¿Si no sois capaces de mirar a los que tenéis cerca, ¿seríais capaces de reconocerlo a Él? ¡No, no nacerá Jesús! ¡Reyes, majestades, desandad el camino, que vuestros pajes tomen la reata de vuestros camellos. Emprended la vuelta. ¡Jesús no nacerá, sabedlo!

 

 

Reyes:


-Que tres Reyes

que, desdeñando sus leyes,

han venido expresamente

desde Oriente

hasta el Portal,

bien guiados por aquella

buena estrella

que ahora señala el lugar,

tengan que volverse atrás

porque no nace el Mesías,

cuando hay una profecía

escrita, que escrita está…

¿Qué hacemos con el incienso,

con la mirra, con el oro

que traemos para Él,

tres símbolos que han de ser

su pasión y su tesoro?

Ese Niño ha de nacer.

Nos lo han dicho:

Lo hallaréis

antes de entrar en Belén,

en un pesebre ha de ser,

entre María y José,

junto a una mula y un buey.

Lo adoraréis.

Y estando cerca de Él,

comprenderéis

que tres reyes van a ser

vasallos de un solo Rey


¡Cómo es que no va a nacer!

 

 

Ángel:

        

-¡Pues no va a nacer! Dios sabe que, a boca de parto, hay Herodes disfrazados de adoradores. Además, ¿tiene sentido para alguien el Nacimiento de Jesús? Jesús hoy es una dificultad para los hombres; no sé por qué os quejáis. ¡A retomar el camino, majestades, a desandarlo. Ya no hay nadie en el Nacimiento que no sepa que Jesús no va a nacer. Son ustedes los últimos y es hora de que nos vayamos…

(Ángel, sorprendido, incrédulo): …Y aquello… ¿Qué…, qué es aquello? ¿Quiénes son esos que vienen en grupo bajando los cerros? ¡Eh!, ¿quién anda ahí? ¡Eh, vosotros, ¿quiénes sois? ¿De dónde venís, y a qué? ¿Pero…, cómo es posible, si vosotros no existíais, no estabais entre las figuras del Nacimiento! ¡Dios mío! ¿Quiénes son? ¿Y qué querrán? ¡Pero… ¿adónde vais?! ¡Eh, un momento, nos os acerquéis al Portal! ¿No habéis oído lo que acabo de decirles a todos? ¡Eh, tú! ¿adónde vas? ¿Quién eres tú?”

 

Alegoría 1:

         “Yo soy la Justicia”.

 

Ángel:

         “¿Y qué esperas?”

 

Alegoría 1:


“La noticia

del Nacimiento de Dios.

Su venida beneficia

a toda la Humanidad,

pues al nacer Él, se inicia

la senda que me propicia

la Igualdad.

Y están los injustos

rompiendo a su gusto

la Equidad.

Hace falta un justo Juez

en la vida.

Número, Peso y Medida

ha de traer.

Y ese Juez

ha de nacer

en Belén,

esta noche, sin tardanza.

Así ha de ser.

Él pondrá derecho el Fiel


 de la Balanza.”

 

Narrador:

        

Y el ángel nada decía. Miraba y se sorprendía”

 

Ángel:

         “Y tú, ¡tú quién eres?”

 

Alegoría 2:

        

“Yo soy… la Paz”

 

Ángel:

         “Y ¿qué quieres?”

 

Alegoría 2:


“Regalar

el sentido de mi nombre

y convertir a los hombres

a la buena voluntad.

Por eso vengo al Portal

a pedir la Navidad

del Niño-Dios en la Tierra.

Y el Niño-Dios nacerá,

porque Él sabe que a la Paz

las puertas no se le cierran,

que si no, devorará

los trigales de la Paz


la cizaña de la guerra”.

        

 

          Narrador: ”…Y el ángel, nada decía; miraba y se sorprendía”

 

Ángel:      

         “Y tú, ¿tú quién eres?”

 

Alegoría 3:


“¿Yo? Yo soy la pobreza.

Por amor, no por condena.

Fui libre cuando aquel día

junto a mi bolsa vacía

sentía mi vida llena

de alegría.

Mas le falta una razón

a mi vida para ser.

Por eso vengo a Belén

a pedir que nazca Dios.

Dile tú que yo te mando.

Dile que su Nacimiento


     la Pobreza está esperando”.

 

Narrador:

        

 “…Y el ángel, nada decía; miraba y se sorprendía”

 

 

Ángel:

         “Y tú, ¿tú quién eres?”

 

Alegoría 4:

         “Yo soy la Fe”

 

Ángel:

         “Y ¿qué quieres?”

 

Alegoría 4:

         “Ver nacer

         al Mesías”

 

Ángel:

         “¿Y no eras tú quien decía

         que creería sin ver?”

 

Alegoría 4:

“Y así es,

Pero me estoy acabando.

Necesito ir renovando

mi firmeza.

Y la fuerza

de mi Luz

y de mi Conocimiento

sólo la da el Nacimiento

de Jesús.

¡Dile que nazca a ese Bien!

¡Dile que se dé premura!

¡Dile… que se está poniendo oscura


 

la claridad de la Fe!”

 

Narrador:

        …Y el ángel, nada decía; miraba y se sorprendía.

 

 

Ángel:

“Y tú, ¿tú quién eres?”

 

 

Alegoría 5:


“¿Qué quién soy yo?

Yo soy la Libertad,

y necesito un camino

por el que poder andar.

Y si Él no nace,

vendrán

las rejas y las cadenas

de la pena;

nos llevarán al castigo

y cerrarán con cerrojos

los postigos

de la mente.

Y a su antojo

irán cegando los ojos

inocentes.

¡Dile que venga conmigo,

Que necesito pensar,

que necesito luchar,

que necesito creer

y poder

alcanzar

las ramas de la Verdad

en su Arbolillo del bien!

¡Dile que venga al Portal,

que el mundo lo necesita!

¡Dile que tiene una cita


   con la Libertad!”      

 

Narrador:

“…Y el ángel, nada decía, miraba y se sorprendía”

 

Ángel:

 

“Y tú, ¿tú quién eres?”

 

Alegoría 6:


“-¿Que quién soy yo?

Yo soy la Esperanza.

La virtud que no se cansa

de esperar.

No temo a la lontananza.

Yo sé que todo se alcanza,

que todo habrá de llegar.

Por eso vengo al Portal

sin dolerme la tardanza,

que esperar en esperanza

es gozar lo que aún no está.

Pero dile tú que sueño

su pequeño

despertar.

Dile que estoy esperando,

celebrando

su venida

a la Vida.

…Mas si no quiere nacer,

porque esté cumpliendo fiel

del cielo alguna ordenanza,

coméntale mi añoranza

y dile que esperaré

hasta que lo quiera Él.


  ¡Por algo soy la Esperanza!”

 

Narrador:

                 “…Y el ángel, nada decía; miraba y se sorprendía”

 

Ángel:

“Y tú, tú, ése, el último. ¿Tú quién eres?”

 

Alegoría 7:


“-¿Yo? ¿Que quién soy yo?

¡Yo soy el Amor!

La amistad,

la ternura.

La esencia pura

de la Verdad.

Sin mí,

el mundo es mala locura,

aventura de mal fin.

Yo soy bálsamo en la herida,

y soy brazo

donde se apoya el fracaso

y se ayuda la caída.

¡Soy el lazo de la vida!

Yo soy el eje del mundo, su motor.

La comprensión, la amabilidad.

Y la Luz.

Eso que sin ser salud

es vida en la enfermedad.

¡Soy el Amor!

Y soy la misericordia,

refugio en el perseguido,

y soy pan en el hambriento,

y soy agua en el sediento,

y en el desnudo, vestido.

Alegría en el anciano;

soy lo divino y lo humano.

En mi nombre

van los hombres

de la mano

en armonía.

Soy la risa, la alegría,

la razón que cada día

nos motiva el caminar.

Soy la sombra que al final

del camino siempre espero

para hacerlo llevadero.

Y soy más:

soy el cariño

que acompaña a la paciencia.

Y la inocencia,

Y la imprudencia

de los niños.

Y soy luego,

entre el hombre y la mujer,

ese que dicen que es ciego,

aunque sea el que más ve.

Y soy fuego,

soy candela

siempre ardiendo en centinela

de la voluntad mejor.

¡Soy el Amor!

Y estoy en la pena

ajena,

y abrazo conmigo

al enemigo.

Y en toda necesidad,

yo soy la caridad

con el hermano.

Caridad siempre dispuesta

a pedir con esta mano

lo que iré dando con ésta.

¡Soy el Amor!

Y hagan lo que hagan los hombres,

si no se hace en mi nombre

no tendrá ningún valor.

Pero fíjate, que yo,

siendo el Amor, como soy,

no seré nada si hoy

no naciera mi razón.

¡Vete, ángel, dile a Dios

que venga a la Nochebuena,

que sí merece la pena…


 Que se lo pide el Amor…!

 

Narrador:

                   Pero el ángel, no decía; miraba y se sorprendía… Y al tiempo se asombraba de una música que empezó a sonar y de un murmullo creciente. ¡Desobedeciéndolo, todas las figuras habían vuelto”…

 

Ángel (Asombrado, extrañado, descompuesto):


 

-… Pero… ¡Qué pasa!

¿Adónde van los gañanes y esos bueyes?

¿Por qué cantan los pastores

 y han vuelto a montar los Reyes?

¿A qué bajan los luceros

desde el cielo con tal brío?

¿Y a qué la flor del romero

abre su azul bajo el frío?

¿Por qué corres, lavandera?

 ¿Adónde vas, costurera,

abandonando el bordado?

¿Qué has visto desde el collado,

posadera?

¿Por qué saltas, leñador?

¿Qué pregonas, vendedor?

¿Adónde vais… si Dios


 no vendrá a la madrugada?

Narrador:           

“…Y cuando el ángel pensaba

 decir otra vez que no,


        algo le dijo la Luna

          que… miró para la cuna

       y… ¡estaba naciendo Dios!

 

                                                        Fin

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12 Comentarios

  1. AMAYA
    Enviado el 18 diciembre 2008 a las 14:37 pm | Permalink

    …Y Dios sigue naciendo.
    Y tú, ¡qué hermosa y hondamente, Poeta! sigues siendo testigo y notario también, y como Lope y tantos a lo largo del tiempo, lo proclamas, lo escribes… Nos sigues recordando, que existe la Palabra (privilegio de pocos) para dar cuenta eterna del Prodigio…

  2. Curro
    Enviado el 18 diciembre 2008 a las 16:09 pm | Permalink

    ¡Qué razón tenía aquel que de ti dijo, que eres el Cantor Ribereño del Guadiamar!, esto que acabas de escribir, a mí me gusta oírlo de tus labios, para recrearme en ese acento tuyo tan andaluz y peculiar a la vez.
    El próximo sábado día 20, irémos mi hermano Agustín y yo, de visita a “LA TRIBU”, nos gustaría verte y recordar viejos tiempos.

  3. MMM
    Enviado el 18 diciembre 2008 a las 18:58 pm | Permalink

    Por llegar a mi corazón que estaba aterido de frío:

    GRACIAS, MAESTRO DE LA PALABRA!!!!

  4. Enviado el 18 diciembre 2008 a las 19:17 pm | Permalink

    Hace años, en la Librería San Pablo de la calle Sierpes de Sevilla, encontré un tesoro, que guardo como algo muy querido y muy especial.
    Fui buscando un libro… y me traje una cinta de cassette (que conservo con delicado cariño) que se acompañaba de un pequeño librito (pequeño sólo en tamaño) con el cuento “El día que Jesus no quería nacer”.
    La voz de la narradora es la de Mari Cruz Soriano, y la voz del Amor la del maestro Barbeito.
    Desde entonces, no hay Navidad sin que lea el cuento en alguna de estas noches de frío en la tribu.
    También en el pequeño libreto viene al final una canción:

    QUE NO NACE DIOS
    “No, que no, que no,”
    decía el ángel que no.
    “que no nace Dios”,
    Lo pidió la posadera
    y lo pidió el leñador,
    lo pidió la lavandera.
    Y el ángel: “que no, que no.
    No está preparado el mundo
    para recibir a Dios”.

    Le rogó la costurera
    y hasta el gañán le rogó,
    y el molinero a su puerta
    le pidió al ángel por Dios
    “que nazca el niño, que nazca”
    y el ángel: “que no, que no,
    Que no nace Dios,
    que no hay amor en el mundo
    para que nazca el Amor”.

    Pregonando por la calle,
    lo pedía el vendedor,
    los pastores lo pidieron,
    los tres reyes a una voz,
    pero el ángel repetía
    a todos “que no, que no”.

    ¿Quién vendrá que le convenza?
    ¿Quién vendrá que traiga a Dios?
    ¿Quién vendrá con tanta fuerza?
    Y así vino el Amor:
    “Que nazca el niño, que nazca,
    vete, ángel, díselo,
    que en el nombre de los hombres
    lo está pidiendo el Amor”.
    Dudaba el ángel, dudaba,
    y en la duda se quedó.

    Abrió el cielo sus entrañas,
    llegó a la tierra un calor,
    se iluminó el Firmamento,
    abrió el romero su flor,
    y entre aleluyas y cantos
    nació Dios, nació el Amor,
    nació Dios, nació el Amor.

    Desgraciadamente, parece que el mundo sigue igual y el cuento tiene vigencia después de 21 años. Tal como está la cosa, mucho me temo que Jesús siga sin querer nacer, aunque al final, nos llegará el Amor.

    Un abrazo a todos.
    Francisco José.

  5. jfm
    Enviado el 18 diciembre 2008 a las 20:18 pm | Permalink

    Amigo Antonio, me siento orgulloso de ser el primer Rey que adoró a ese Niño que no quería nacer. Un abrazo.

  6. Maria Isabel
    Enviado el 19 diciembre 2008 a las 7:55 am | Permalink

    Yo también tengo el librillo y la cinta -parada y rebobinada, cada vez que la oigo, en el Amor- porque “El dia que Jesús no quería nacer” es, con las palabras del maravilloso artículo que Antonio publica hoy, ” …un Nacimiento distinto, humilde, bellísimo, tierno como su inocente mirada de hombre cuajado…”

  7. Mª Jesús Ballesteros
    Enviado el 19 diciembre 2008 a las 10:21 am | Permalink

    Toda mi familia somos admiradores de Antonio García Barbeito, le escuchamos en la radio, y todos los días nos sorprende y emociona.
    Hoy estaba buscando en internet un libro suyo para regalar en reyes, y me he encontrado con este precioso cuento “El día que Jesús no quería nacer”que, naturalmente compraré.
    Gracias por hacer tan bonito las cosas sencillas.

  8. Pepe Real
    Enviado el 21 diciembre 2008 a las 12:06 pm | Permalink

    El viernes 19 del presente Diciembre asistí en la Iglesia de San Pedro de Arcos de la Frontera a oir “la voz” en el pregón de la Navidad a Antonio García Barbeito. Una gozada,un placer y todos los calificativos que queramos poner. Gracias.

  9. JUAN CARLOS DIEZ
    Enviado el 27 diciembre 2008 a las 12:16 pm | Permalink

    …” ¡Soy el Amor!
    Y hagan lo que hagan los hombres,
    si no se hace en mi nombre,
    no tendrá ningún valor”…

    Estimado Antonio:

    La pasada noche del día 22 de Diciembre, viví uno de los momentos más emotivos de los últimos años.
    Había escuchado en múltiples ocasiones a nuestro común amigo y dóctor Angel, ensalzar las virtudes de “Tus Cuentos de Navidad”, pero también me indicaba que cuando los viviera, nada de lo contado tendría valor.
    Y así fue.
    He querido destacar una pequeña estrofa que se quedó grabada en mi memoria.
    En cuanto que tuve el cuento se lo dí a mi hija de 15 años, para que pudiera leerlo y entendiera, por qué su madre y yo llegamos aquella noche tan emocionados.
    Quiero darte las gracias por ser uno de los “elegidos” aquella noche tan especial y transmitiros a ti, a Carmen y al resto de la familia una felíz entrada de año.

  10. Juan Antonio
    Enviado el 29 diciembre 2008 a las 23:48 pm | Permalink

    El cuento de Navidad, que tan delicadamente Vd, ha hecho, lo he visto en mi pueblo -Ronda-Ya hacia muchisimo tiempo que no me emocionaba tanto con esas cosas. Lastima que nuestra Iglesia Catolica, no tenga un orador con la sensibilidad que Vd. tiene. A todos nos iria muchisimo mejor.
    Gracias, muchisimas gracia.
    un Rondeño

  11. alba
    Enviado el 17 marzo 2010 a las 21:42 pm | Permalink

    Hola antonio, soy una niña que te felicito por tu gran cuento.
    vivo en la palma del condado huelva y me gustaria pedirte que me enviaras cuentos tuyos a mi correo por favor eres un gran escritor y me encanto el cuento de navidad por eso digo que ami tambien me gusta mucho escribir pero no tengo la calidad tan buena como tu este alo me voy a presentar a un concurso, saludos alba una niña de 12 años

  12. bella araceli
    Enviado el 15 octubre 2011 a las 12:42 pm | Permalink

    fué la primera obra que represente con mi grupo de teatro hoy adolecentes en esos años niños ha sido lo mas maravilloso que he podido hacer gracias maestro.

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