Partamos de una premisa que parece no tener objeción: no hay dinero suficiente para mantener la estructura del idílico estado de bienestar que España puede ofrecer a todos sus ciudadanos y a los que no lo son. El por qué ya se ha analizado suficiente. La consecuencia directa de este hecho es que tenemos que apañarnos con menos dinero y hay que amoldarse a ello. Eso supone recortes en los Presupuestos Generales del Estado y, por tanto, también en las comunidades autónomas y ayuntamientos. El ciudadano particular tiene igualmente que adaptarse, recortando gastos para destinar algo más a cubrir las necesidades de los servicios públicos. Ante una situación así caben muchas posturas: resignarse, cabrearse, rebelarse, declararse insumiso, tomar las calles, trabajar más, hacer huelga, dejar el país y un largo etcétera. Una postura que ayudaría mucho es la de ser responsable. Entiendo que acostumbrados a sumar derechos –legítimos y no tanto- sin exigir casi nada a cambio se haya perdido este sentido del deber. Pero o lo recuperamos, o dejaremos en manos de los, desaprensivos el presente y el futuro del país. Y no auguro un buen futuro por ese camino.
En primer lugar, la Junta de Andalucía debería asumir sus responsabilidades ante los recortes y dejar de lloriquear echando la culpa al Gobierno del PP. Un ambiente de confrontación como el actual no ayuda en nada a que el resto de administraciones y ciudadanos cumplamos con nuestra obligación, por ejemplo, de pagar impuestos, o de trabajar más y mejor, en favor de un bien mayor que es la recuperación económica y, de ahí, a la restauración de un estado de bienestar ajustado a nuestra riqueza. Si el gobierno andaluz no da ejemplo, ¿por qué tienen que dar ejemplo otras instituciones? Tiene gracia, mucha gracia que la universidad, con sus rectores y profesores a la cabeza, se rebelen contra el ministerio de Educación por los recortes: trabajar más y cobrar menos. Se entiende que algunos salgan perjudicados pero tanta materia gris –como se supone que hay en la universidad- no puede caer en semejante rabieta de adolescente irresponsable. Y precisamente ha arrastrado a los alumnos –que les importa un pepino esos recortes- a acudir a la huelga. Esto de la universidad, como de la sanidad, la educación y otros sectores, es algo más complicado, pero en esencia queda explicado: cobrar menos y trabajar más.
Cuando tenemos a media humanidad criticando cualquier cosa que hace España –generalmente de forma gratuita y frívola- sería deseable que al menos los españoles no añadiéramos más leña al fuego. Porque al final va a resultar –y sería de tontos de capirote- que los españoles nos estaríamos hundiendo nosotros mismos. Sindicatos, organizaciones políticas y otros sectores de nuestro entramado, sería deseable que fuéramos algo más responsables y aprendiéramos a criticar algo menos y trabajar unidos un poco más. Ya sabemos que a nadie le gusta que le toquen el bolsillo, pero si no tienen una solución mejor –y no lo parece- por favor, váyase a silbar a la vía.