Déjame dormir, mamá

Mientras el primer día de enero entrará en vigor una subida del recibo de la luz de un 10 por ciento, la Junta de Andalucía retrasa la aplicación de otros impuestos, como un canon para el agua o los cinco céntimos por cada bolsa de plástico, además de darse más tiempo con la reforma de la Administración autonómica, denominada como “decretazo”. Esta denominación tiene su enjundia, porque habla del doble sentido del término: que se realizó sin consenso y por la vía rápida, esto es, por decreto. Había prisa en aplicar todas estas medidas, toda vez que eran necesarias para entrar cuanto antes en la senda de la recuperación económica. Pero, pardiez que no entiendo nada. Porque si se retrasan seis meses la aplicación de estas medidas –hasta después de las elecciones municipales-, significa que no había tanta prisa o que no estamos en crisis. 

Por alguna razón que desconozco, este tipo de actuaciones me evocan una poesía mordaz atribuida, falsamente, a Fray Junípero, religioso franciscano español del siglo XVIII, titulada “déjame dormir, mamá”.  He aquí alguna estrofa seleccionada: Hijo mío, por favor, de tu blando lecho salta. Déjame dormir, mamá, que  no hace ninguna falta…/ Hijo mío, por favor, que España entera se afana. ¡Que no! ¡Que no me levanto porque no me da la gana!/ Hijo mío, por favor, que el sol está ya en lo alto. Déjame dormir, mamá, no pasa nada si falto./

Hijo mío, por favor, que ya has dormido en exceso…Déjame, mamá, que soy diputado del Congreso y si falto a las  sesiones ni se advierte ni se nota. Solamente necesito acudir cuando se vota, que los diputados somos ovejitas de un rebaño para  votar lo que digan y dormir en el escaño. En  serio, mamita mía, yo no sé por qué te inquietas si por ser culí parlante cobro mi sueldo y mis  dietas. Lo único que preciso, de verdad, mamá, no insistas, es conseguir otra vez que me  pongan en las listas. Hacer la pelota al líder, ser sumiso, ser amable y aplaudirle, por  supuesto, cuando en la tribuna hable.
Y es que  ser parlamentario fatiga mucho y amuerma. Por eso estoy tan molido. ¡Déjame, mamá, que duerma!  

Bueno, te dejo, hijo mío. Perdóname, lo lamento. ¡Yo no sabía el estrés que produce el Parlamento!

 

El poema completo no tiene desperdicio; ya ven que no deja títere con cabeza. Y aunque muchos puedan sentir lo mismo que fray Josepho de la Tarima –como se hace llamar al parecer el autor de estos versos- y coincidir en la opinión, considero injusto meter a toda la clase política en el mismo saco. No se lo tomen a mal sus señorías, que la autoría no es mía; sonrían y, no obstante, tomen nota. Que los tiempos cambian y la gente no es estúpida.

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