¿Y la Ley de Política Sostenible?

Todo lo que sea empujar en la buena dirección para salir cuanto antes de la crisis económica es bienvenido. Por tanto, le ley aprobada el viernes sobre economía sostenible es bienvenida. Ignoro de los rendimientos de la misma, que seguramente traiga algunos efectos positivos. Pero tampoco se puede olvidar la visión del conjunto. Y si esta ley pretende orientar la economía productiva española hacia otro modelo de crecimiento renunciando a cambios a cambios estructurales más profundos, desde luego, es un brindis al sol. Uno más. Y lo que realmente haría falta en este país es una ley de política sostenible, con cambios profundos en la manera de hacer política. Porque por mucha ley que se promulgue si procede de un modo de hacer política viciado el resultado no puede ser otro que el fruto de ese proceder. Y estarán conmigo que esta política no funciona. Desde hace años. Cuando la crisis afecta a casi todos los ámbitos de la sociedad  sale a relucir con claridad meridiana su origen: este modo de hacer política corrompido por quienes la ejercen.

Si damos un repaso somero por la realidad social española verán que en casi todos los ámbitos cuecen –¡se achicharran¡- habas. En la economía está más que demostrado. No se trabaja el largo plazo y se sacrifican grandes recursos en medidas cortoplacistas que satisfacen acuerdos interesados entre unos pocos en perjuicio de una mayoría expectante. Se huye del sacrificio en el corto plazo para mantener votos y alianzas que terminarán por pasar factura. La decisión política se toma en términos de compadreo y no profesionales. Muchos ejemplos tienen a su alcance. Lo que está ocurriendo con CajaSur es uno de ellos. No le quito un ápice de responsabilidad a la nefasta gestión pasada en la entidad, pero lo que están haciendo a esa caja de ahorros es un linchamiento. Un capricho político que está terminando por hundir a esa caja sobre la que se arrojan apasionamientos irracionales y prejuicios ideológicos. Que al final los paga –como casi siempre- el empleado de a pie que se irá al paro. O el cordobés de a pie. Imagino que esto pasará factura a los responsables del desaguisado. Porque siempre pasa factura la verdad. Sucede en Andalucía, pero también sucede en Cataluña. Y puede suceder en otras comunidades, las verdaderas responsables de este esperpento. Y si no tengo razón, rectificaré. (Aviso que tendré que puntualizar algunos comentarios que he realizado en un artículo que firmo este domingo sobre la situación de Unicajasur. El fin de semana ha sido intenso).

Otros ámbitos económicos en crisis, además del financiero –que puede pegar un petardazo de aupa por omisión política-, es el energético. Otro caos. Y venga más primas para renovables. Y venga más déficit de tarifa, que lo pagamos los españoles. Qué decir del ámbito educativo que en 30 años no han sabido encauzar. Y del tema del aborto, que divide la sociedad española y quiebra los fundamentos de la persona. Y de la corrupción urbanística y de los ayuntamientos y de las relaciones empresariales. Crisis en el modelo autonómico, con los nacionalismos tirando de la piel de toro. Crisis, en fin, en el quehacer político donde no se mira el bien común sino el particular. Donde la verdad no tiene valor ni cabida y la mentira es moneda de cambio. Donde las cámaras parlamentarias son lugar de dialéctica y reparto de cromos. La política es algo mucho más elevado y mucho más noble. Y si no se hace sostenible todo lo salga de ella tampoco lo será.

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