Eluana no tiene quien le quiera

Eluana Englaro, la mujer italiana de 38 años que llevaba 17 viviendo en coma, ha fallecido como consecuencia directa de la falta de alimentación. Un juez autorizó esa acción. Unos médicos la ejecutaron con el permiso paterno. El Gobierno italiano presidido por Silvio Berlusconi estaba intentando parar ese procedimiento. La Iglesia y el Papa en persona habían intervenido suplicando el respeto al derecho a la vida de esa mujer. Italia estaba dividida por el caso, aunque más proclive a respetar la vida. Llevan unos cuantos años viviendo el caso de Eluana. En España apenas hace unos días que la opinión pública se ha enterado de su existencia. Y todos opinamos, claro. Pero las opiniones importan poco en estos casos. Porque no se trata de salvar opiniones sino de salvar o condenar vidas. Y por ello es obligación de cada ciudadano, y más grave aún de los legisladores y responsables de la cosa pública, que se forme un criterio claro y profundo de lo que es la vida humana. De lo que es una persona. La religión puede dar mayor o menor trascendía al asunto, pero la religión –al menos la católica- no sustituye a la naturaleza humana; en todo caso, la refuerza. Decir otra cosa es una frivolidad. Y en el mundillo de la opinión –y de la información- hay mucho frívolo. Ya por ignorancia, ya por vanidad.

Eluana Englaro ha sido un caso de libro de eutanasia.  Activa o pasiva, tanto monta. En la profesión médica nunca se considera la alimentación e hidratación como algo extraordinario o desproporcionado. Faltaría más. Es lo más básico. Y es un derecho y una obligación proporcionar esos cuidados elementales. Si a un bebe le quitamos la alimentación, se muere. Si a un impedido le quitamos la alimentación, se muere. Si a un anciano o un enfermo que requiere de esos cuidados básicos, se los quitamos, lo estamos matando. Y esa mujer estaba viva. Respiraba ella sola. Vivía por sí misma sin necesidad de máquinas o recursos extraordinarios. ¿Sufría? ¿Quien lo dice? Sufría su padre. O su familia. Entra en lo posible. Aunque seguro que también hay quienes, pasado un tiempo y aceptada la situación, quizá ya no sufrieran tanto. La vida es gozo…y sufrimiento. Salud y enfermedad. Alegrías y penas. Placer y dolor. Si no somos capaces de asumir que la enfermedad o las limitaciones forman parte de la vida, y no por eso dejamos de ser menos hombres o mujeres, es que no queremos aceptar lo que es la vida humana. Y no queremos porque tenemos miedo. Sí, miedo de enfrentarse a la realidad y a la vida. Miedo a reconocer nuestras limitaciones que, al mismo tiempo, no deja ver nuestras grandes posibilidades. Los cobardes se ausentan y desean vivir en un país de las maravillas que no es de este mundo. Si no somos capaces –por vía racional, por lo menos- de ver que Eluana era un ser humano con todos sus derechos, no existen argumentos para que los no nacidos puedan vivir. Para que los bebés puedan ser atendidos y no mueran. Para que los ancianos, los impedidos o discapacitados requieran de nuestros cuidados y no los dejemos morir. No habría argumentos ni siquiera para respetar la vida de nuestros vecinos. Porque estaríamos decidiendo sobre la vida de los demás por pura y simple discriminación. Nos convertiríamos en dueños de la vida de los demás. Y esta actitud es solo una caricatura de Stalin, Hitler o Pol Pot. Eluana ya no tenía a nadie que le quisiera.        

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9 Comentarios

  1. Javier Fariña Mara
    Enviado el 10 febrero 2009 a las 11:40 am | Permalink

    Pienso que ahora la queremos más que antes: alguien dijo “tu nunca morirás, porque te querré siempre” y creo que subjetivamente llevaba razón. Necesitamos quererla aún más, porque por este camino nos convertiremos en unos monstruos. ¿A dónde vamos por este camino? ¿Qué derecho ampara a los que la han dejado morir? ¿Por qué querían matarla? La puerta está peligrosamente abierta, y desgraciadamente algunos querrán pasar, los que no saben qué es el ser humano.

  2. Viky Blasco
    Enviado el 10 febrero 2009 a las 13:58 pm | Permalink

    “Eluana no tiene quien le quiera” pero, depende de nosotros que no le pase como al famoso “coronel” y “Éluana SÍ tenga quien le escriba”. Ayudemos a perpetuar su memoria y las de tantas “eluanas” a las que esta sociedad hipócrita acompaña hasta el “corredor de la muerte” motivado por al más absoluto egoísmo “maquillado” de solidaridad. Una sociedad en la que los médicos no sólo curan y alivian sino que también matan, es una sociedad menos humana y viola la regla más básica de una sociedad civilizada: no matarnos unos a otros.
    ¡ No dejemos de “escribir” de Eluana ¡

  3. Francisco Ojeda
    Enviado el 10 febrero 2009 a las 21:56 pm | Permalink

    Lo que vengo notando es que soportamos menos el dolor y queremos que la contrariedad se acabe cuanto antes. Ahora, cada vez que la vida de una persona mayor se deteriora se oye con mas frecuencia: “Dios debería de recogerla”. Lo mismo ante una enfermedad sin solución. Es la consecuencia de una sociedad sin Dios, que no tiene argumentos ante el dolor, y de una sociedad cad vez mas egoista que no quiere renunciar a nada, que no quiere complicaciones. La solución, una vez más, la veo en la necesidad de “mostrar más que demostrar”. Necesitamos ver vidas auténticas, com la de la monja que ha atendido durante 17 años a Eluana

  4. Eduardo Vaíllo
    Enviado el 11 febrero 2009 a las 13:01 pm | Permalink

    Si no paras a pensar un poco, y te dejas llevar por la corriente sentimental, los “argumentos” de su padre para matarla te pueden convencer.
    Recientemente he estado unos días en cama y no me valía por mí mismo. Afortunadamente, he seguido recibiendo alimentación e hidratación. Eluana era tan persona y tenía el mismo derecho que yo.

  5. JavierR
    Enviado el 12 febrero 2009 a las 22:56 pm | Permalink

    Tengo un profundo respeto por la vida, incluso en sus formas más desafortunadas, por decirlo de algún modo ¿pero realmente esta chica estaba viva?¿no eran sus órganos lo que vivían?

  6. Fernando Seco
    Enviado el 13 febrero 2009 a las 9:07 am | Permalink

    Entiendo Javier esa duda sobre si la vida vegetativa de Eluana era realmente vida o era simplemente un cuerpo autómata que tendía a alimentarse por si mismo. Los médicos saben más de esta cuestión, pero aún así, no saben tanto, sobre todo de la cabeza. Y luego está el ánima, es decir, lo que anima o da vida al cuerpo. Pongámonos en el peor de los casos: no sabemos si es simplemente un cuerpo autónomata o hay algo más. En caso de duda ¿te inclinarías por la muerte?

  7. ruizpaco
    Enviado el 14 febrero 2009 a las 19:52 pm | Permalink

    le recomiendo que vea una pelicula, se llama Jonny cogio su fusil, asi vera lo que significa vivir en esas condiciones

  8. JavierR
    Enviado el 15 febrero 2009 a las 0:46 am | Permalink

    En caso de duda, no me inclinaría por la posible muerte. En Eluana la actividad cerebral era nula, mientras que las funciones orgánicas se mantenían. Pero ciertamente, no existen aparatos para medir la vida, por tanto CABE LA DUDA. Y ésta es la diferencia que creo que existe con un enfermo terminal, donde NO CABE LA DUDA de que exista vida. Con Eluana los que han tomado la decisión, pueden haberlo hecho dudando si era una vida, que no merecería la pena ser vivida, o con la certeza de que no era una vida. Creo que el caso merece esta diferenciación, por eso discreparía en que aceptar esta actuación suponga aceptar el abandono del bebé, el anciano o el enfermo, o suponga la desprotección del no nacido, donde la vida creo que ya bulle aunque los órganos no hayan cobrado forma.

  9. JavierP
    Enviado el 12 enero 2010 a las 2:00 am | Permalink

    De nuevo las comparaciones con Stalin y Hitler…
    que este hombre sacó a la luz pública una foto de su hija para mostrar lo inmostrable, para mostrar que ya no podían luchar más y para que la gente dejara de dar la paliza con este tema.. El padre no creo que quisiera la muerte de la hija, digo yo no??? ¿ saben los demás de la situación de esta persona más que su propio padre??
    Ese es el problema creo yo.

    Quiero añadir, que no estoy a favor de la eutanasia ni mucho menos. Pero también, que éste caso era extremo.

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Un Trackback

  1. [...] vecinos. Total decidiríamos sobre la vida de los demás por pura discriminación. Me da pena. Volveríamos a los tiempos de Hitler o Stalin y entonces, sólo entonces, me daría cuenta que un siglo no es nada. Buenos [...]

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