Este fin de semana el Partido Socialista de Andalucía ha cambiado la fisonomía de sus órganos de gobierno por obra y gracia de José Antonio Griñán, quien se ha convertido en secretario general. Era su exigencia irrenunciable una vez que aceptó la presidencia de la Junta de Andalucía. Esta posición doble le hace más fuerte para acometer los cambios que considere oportunos tanto en el partido como en el gobierno. Y no solo en las personas –con una fisonomía rejuvenecida- sino que parece también tiene intención de modificar más profundamente el modo de hacer política, tanto desde el partido como desde el gobierno. Pero este proceder está todavía por demostrar. Lo que sí ha cumplido es el cambio en el partido. Y disculparán mi intromisión en terrenos políticos sobre los que, adelanto, no me siento muy seguro. Y es que me pasa lo mismo que en el terreno futbolístico. Una vez entrevisté a un presidente de un club sevillano sobre las cuentas de la entidad deportiva. Al terminar me prometí a mi mismo: nunca más entrevistaré a personajes de este ámbito porque mienten más que hablan. Seguramente es una de las cosas que tienen que cambiar en el modo de hacer política…y otros ámbitos, claro.
Hoy se escribirá mucho sobre los cambios en el PSOE y por personas mejor preparadas que yo. Por eso iré al grano sin rodeos. Hay cambio generacional –ni mejor ni peor; cambio-; se intenta evitar el reparto de poder por provincias; se intenta evitar que el partido meta mucho las narices en el Gobierno, siendo solo el secretario general el que ocupa un puesto en la Junta, como presidente -lo cual es muy sano-. Parece que se mira más la valía de las personas que los cupos de poder del partido para ocupar cargos –lo cual es buenísimo, otra cosa es que el criterio de valía sea el acertado-. Con estos cuatro elementos ya se hacen una idea de que la filosofía, al menos, suena bien. Sepan que lo digo pensando en el modelo democrático de partidos, no desde un punto de vista partidista o de contenidos ideológicos.
Transformado el partido –al menos en apariencia- vendrá luego la transformación del Gobierno. Ambos cambios vienen motivados por Griñán y por los malos resultados que las encuestas dan al PSOE, fruto de la gestión que les precede y el hastío ciudadano que provoca el más de lo mismo. Sobre los cambios de fisonomía en la Junta de Andalucía, ya tenemos tres pistas. Rosa Torres dejará el Gobierno, Luis Pizarro seguirá en él y Juan Espadas es muy probable que sea el candidato a la alcaldía de Sevilla. Puede haber amortización de la cartera de Cultura y más funciones para Pizarro –en Gobernación o en otra consejería-. Si la rumorología –a la que aplico el sentido común y la situación de crisis- es cierta, Griñán quiere reducir el número de carteras. Y ahí va un esquema. Vivienda puede volver a Obras Públicas; Medio Ambiente la puede absorber Agricultura y Pesca –como sucede en el Gobierno Central-. Y ya tenemos tres consejerías menos. Esto no evita que sucedan cambios en los titulares de otras carteras, que los habrá: bien porque están ya amortizados, bien porque se necesita un aire más profesional y conciliador. Al menos si Griñán pretende dar cumplimiento a sus promesas del discurso de investidura, tendrá que acometerlos. Al igual que ha hecho en el partido.