Ríos de tinta inútil han dejado las palabras del José Luis Rodríguez Zapatero en el famoso desayuno de oración con su “buen amigo” Obama. Un encuentro social y religioso de inspiración cristiana muy yanqui, pero donde el respeto campa a sus anchas y donde los respetos humanos se esfuman. Así es el espíritu de los ciudadanos norteamericanos. Evidentemente el presidente Zapatero no debía de estar muy cómodo, pero no por ello hay que criticarle. Citó la Biblia –un libro que hay que leer- entresacando una cita incompleta “…no explotarás al jornalero…”. Pidió por la gente sin trabajo, y eso está muy bien. También citó El Quijote –otro libro que hay que leer- no sé a cuenta de qué. Lo que me recordó un pasaje del clásico castellano que indica la necesidad de poner algo de nuestra parte cuando solicitamos un favor, “porque en la tardanza suele estar muchas veces el peligro, y a Dios rogando y con el mazo dando” (El Quijote, capítulo 71, 2ª parte).
Qué contundente es la sabiduría popular. Puede ser –no lo sé- que Rodríguez Zapatero no atienda las lecciones de la Biblia, pero estoy seguro de que no tendrá inconveniente en atender los consejos del refranero popular y de Don Quijote. Así es que menos rezar y más trabajar. O lo que es lo mismo, reza si quieres pero trabaja y trabaja bien. Que es precisamente lo que necesita España, unos dirigentes que trabajen –no lo dudo- pero que además acierten en el desempeño de ese trabajo, cosa que dudo –y casi toda España conmigo- en vista de los resultados de la gestión de estos últimos años. Y es que, como decía el Hidalgo, “en la tardanza suele estar muchas veces el peligro”. Eso le ha pasado al Gobierno actual. Ha tardado y sigue tardando en aplicar las medidas económicas acertadas –por no hablar de otras de gran calado- para evitar lo que ahora vemos como irremediable: más de cuatro millones de parados y en la senda de los cinco. Sin recursos financieros para acometer cambios estructurales en la realidad económica de este país.
Y ahora sucede que –siguiendo con el refranero- “de esas lluvias vienen estos lodos”. Es decir, que el ejecutivo no tiene más remedio –acuciado por los hechos tozudos- que aplicar medidas antipopulares. Como es la subida de impuestos. Como es alargar los plazos de edad para la jubilación para asegurar pensiones futuras. Como es congelar las convocatorias de plazas de funcionarios. Como serán otras muchas medidas dolorosas que vendrán. Y eso porque –siguiendo con el refranero popular- nuestro pastorcillo (ZP) no hizo caso de que venía el lobo. Y el lobo llegó y se comió a las ovejas. Y en eso hay muchas dosis de soberbia (la humildad es reconocer la verdad, no hay que complicarse mucho más). Y muchas dosis de incompetencia que, en un gobernante del que dependen millones de personas, no se puede permitir ningún desahogo. Y muchas dosis de irresponsabilidad. Lo honrado, ante una situación así, es dimitir y dar el paso a gente capaz. Pero para eso hay que ser humilde. Un mecanismo racional en una democracia que se supone moderna debería de ser evitar que su propio país se vaya a pique por el aferramiento de sus dirigentes al poder. Pero parece que nuestra democracia no tiene esos resortes. De lo que deduzco que no es moderna o no está suficientemente madura.