Rogelio, no te jubilarás nunca.
Trifón, disculpa el tuteo, pero ya hace muchos años que me apeaste del tratamiento y desde ese privilegio te digo:
”Trifón no te puedes jubilar porque un tabernero, un restaurador-llámenlo como quieran-nunca se jubila. Rogelio, alguien como tú muere con la tiza puesta. Alguien como tú nunca se jubila. No me creo que no vayas a darte una vuelta por La Flor del Toranzo al final de la mañana “… para ver como van las cosas…”, ni que dejes de catar los jamones que tienes reservados hace dos años, o privarte de ese placer de abrir una lata grande de anchoas recien llegadas del Norte y quitarle con cuidado ese primer papel protector empapado de aceite que es el que te marca como va a estar toda la lata . O ese placer de que te entreguen la nueva partida de Cabrales y maldigas las normas comunitarias que prohiben poner las tradicionales hojas naturales de toda la vida, y no las imitaciones de papel que ahora traen. No me lo creo”
Y te debe llenar de orgullo que casi nadie se lo crea porque por definición el dueño de Trifón, nunca se jubila, porque es como la energía que sólo se transforma.
Enhorabuena Rogelio por tu ” jubilación”, pero yo me quedo tranquilo de que, casi a diario, iré a tomarme mi copa de Alfonso y, sin decirnos nada, allí te veré disfrutando de lo que haces. Eso si que es una suerte.
Queridos blogueros, realmente un tabernero, el dueño de un bar o de un restaurante, ¿ se llega a jubilar alguna vez ?
Hagan juego, que yo lo tengo claro.






